Editorial:

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EU: la mitología del consumo ético

 

La DG SANCO de la Comisión Europea utiliza a menudo la expresión "consumo ético" en sus documentos y propuestas, refiriéndose a quienes prefieren los productos procedentes de la agricultura ecológica, sin OGMs, etc.

 

Opinamos que dicha Dirección General tendría que mostrarse más prudente al hacerlo ya que el empleo de una terminología tan ambigua parece sugerir que todo otro tipo de consumo no es ético, es inmoral… ¿censurable?

 

Presumimos la buena fe de los dirigentes de la DG SANCO, pero entendemos que deben poner fin a su campaña más o menos explícita de descrédito del consumo normal o convencional. El objetivo de la Comisión Europea ha de ser que el consumo, en su totalidad, sea sostenible. Si, además, desea favorecer razonablemente la difusión de la agricultura ecológica y permitir que quienes tienen determinados escrúpulos éticos puedan evitar el consumo de productos que contienen, por ejemplo, la más mínima traza de OGMs (y nos referimos, por supuesto, a las debidamente autorizadas por la propia Comisión), ello nos parece loable y, en especial, políticamente correcto.

 

Lo que ocurre es que el horizonte de los prejuicios éticos que la DG SANCO (sometida perennemente a la amenaza del linchamiento mediático que en cualquier momento pueden ordenar las ONGs, especialmente las ecologistas) desea proteger no hace más que ampliarse: tal es el caso de la prohibición a priori de la clonación de animales (sin atender a los estudios científicos pertinentes) tema que, seguramente, propiciará una campaña de enfrentamiento visceral entres sus partidarios y detractores, enfrentamiento que en el caso de los OGMs ha llevado a que se exageren de forma desmedida tanto las virtudes como –sobre todo- los riesgos que comportan y ha fomentado la neofobia de los consumidores.

 

Las autoridades comunitarias a fin de satisfacer las demandas de un consumo más ético (?) suelen optar por la que parece ser la solución más fácil: exigir la inclusión obligatoria en el etiquetado de los productos de menciones igualmente éticas (!). No obstante, esta huida hacia adelante suele ser un procedimiento muy caro tanto social como económicamente. En efecto, este tipo de indicaciones comporta el rechazo (sin justificación alguna) por parte de la mayoría de los consumidores y que éstos paguen (el etiquetado obligatorio y los métodos de control ad hoc encarecen sustancialmente los productos en cuestión) por las aprensiones catastrofistas y casi siempre desproporcionadas de una minoría.

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En definitiva… ¿no es más ético y justo un sistema de etiquetado voluntario, excepto para la información básica cuya inclusión debe ser, es, obligatoria?